Diana Reed

Aspecto normal: Diana es una hermosa mujer en lo mejor de la vida. Su piel es marfileña y se ruboriza con facilidad, sus ojos son de un azul eléctrico y su lacia rubia cabellera está recogida con varios prendedores. Siempre se le escapa un mechón de cabellos a un lado de su geométrico rostro, que aparta o sopla con impaciencia cuando esta frustrada o concentrada. Si está nerviosa, confundida o pensativa, a veces chupa distraídamente la punta de sus cabellos, pero le avergüenza que la cojan en una actitud tan infantil. Raramente se maquilla, aplicando una suave sombra de ojos y barniz a sus cortas uñas, pues ante todo opina que se debe a su trabajo y no a su aspecto. Siempre va vestida con una bata de médico por encima y cuando está en el hospital se cambia a un traje pantalón para estar cómoda. Cuando viste para salir siempre utiliza ropas caras, como altos tacones, faldas, blusas y abrigos de terciopelo. A menudo usa fulares para proteger su cuello, pues tiende a la afonía.

Aspecto infiltración: cuando se transforma en su alterego vigilante, Diana adopta forma de un hombre de su estatura de cabello rubio, piel blanca y ojos animales totalmente azules rodeados de pequeñas depresiones que utiliza para acceder a la visión térmica. Aunque elimina sus huellas dactilares, por seguridad usa guantes de látex por debajo de guantes de cuero. Viste ropas anti-rasgaduras de escalada de color negro, zapatillas de parkour a juego muy silenciosas y un chaleco antibalas que cubre con un abrigo oscuro sin mangas que ella misma modificó, con sujeciones para sus defensas policiales en la cintura y cuatro bolsillos con cremallera para llevar pruebas en bolsas de plástico y sus herramientas de cirujía. Cubre su cabeza con un pasamontañas y unas gafas de espejo.

Personalidad: directa y segura en sí misma, la Doctora Reed está acostumbrada a tratar heridas horrendas causadas por los pandilleros de Newark sin pestañear. En acción es un témpano de hielo y raramente pierde la frialdad cuando está en el hospital. Los miembros de las bandas no suelen darle problemas ni ponerse gallitos porque tienden a quedarse petrificados por su belleza sin parangón y por sus salidas de tono callejeras. En privado es una mujer cálida que adora los niños y que es muy sensible al sufrimiento humano.

Historia: Diana Reed nació en 1979 en Boston, Massachussets. Al igual que su hermano, acudió a los mejores colegios y aprendió a los pies de tutores traídos del Viejo Mundo. Mientras su hermano destacaba en ajedrez, esgrima y tiro con arco, ella se decantó por la gimnasia rítmica, para la que era naturalmente adecuada. Cuando llegó el momento de escoger su oficio, Diana lo tenía claro. Había sido un fan desde su adolescencia de la Doctora Quinn (ayudaba que el co-protagonista masculino fuese un Adonis) y eligió medicina. Poco sabía ella que esa carrera era dura y le llevaría años de sacrificios acabarla. Tras un período de becaria en la empresa de su madre, imitó a su heroína y escogió una ciudad de “frontera” moderna, Newark, como el lugar donde ayudar, pues la criminalidad en aquella época (2004) estaba en su punto álgido. A lo largo de los últimos seis años, se ha hecho un lugar en el corazón de sus compañeros de hospital de Clinton Hill y entre la gente de emergencias como una “doctora milagro”. Al ver el poco acceso que tenían a la medicina el barrio de Irvington, montó allí una clínica gratuita junto a su mentor en la Universidad, Samuel Lumusa.

Historia Real: En enero de 2010, Diana volvió a ojear el diario secreto que había escrito en 2010 y descubrió que había escrito cosas que no recordaba haber hecho. Mientras sus recuerdos le decían que había pasado tiempo en las playas de Yucatán (e incluso tenía tickets y billetes de ese viaje), en el diario ponía que había pasado el verano entrenándose y enfrentándose a una "nueva verdad" de la que misteriosamente hablaba en las páginas, junto a ciertos símbolos como el pentagrama con los cinco glifos que más tarde descubriría que pertenecen a las tribus Kaloi.
Al releerlo con su memoria perdida, empezó a pensar en lo que podía haber sucedido y llegó a la conclusión de que tenía que mantenerse alerta para descubrir quién había sido. Cuando su madre le ofreció un joven con el que casarse, poco menos que un matrimonio arreglado, notó como este hombre utilizaba sus poderes inexpertamente para congraciarse con ella y en ese momento “lo intuyó todo”. Su madre le había borrado la mente y era parte de la conspiración. Cortó lazos con ella y comenzó a buscar pruebas de lo que sucedía. La pantera de Irvington (Capítulo 1 - Un Hombre Tranquilo) fue su primera pista, pero sin pruebas no tenía nada y contactó con su hermano. Este, a cambio, le entregó un trazador atómico basado en el tecnecio que le confirmó sus sospechas de que algo raro estaba sucediendo. Desde ese momento, investigó su utilización médica y como rastrearlo, intentando proteger a su entrometido hermano del peligro al decir que no había nada raro en esa droga aparte de un poderoso somnífero. Los demás sucesos ya son explicados en el La Duda Metódica.


Frases:
"¡Ulysses!" (mientras le golpea en el brazo por un comentario que no le guste).